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Literatura

La esperanza en forma de ladridos: los perros en los cuentos de Juan Rulfo

Autor

Joana Jacob

Publicado el

Silueta de un perro sentado sobre una roca, contra un cielo de atardecer con tonos naranja y azul.

La obra del escritor jalisciense Juan Rulfo es una de las más sobresalientes del siglo xx no sólo en nuestro país, sino alrededor del mundo. Sus técnicas narrativas empleadas –tanto en los cuentos de El llano en llamas, así como en su novela Pedro Páramo– fueron un parteaguas para la narrativa mexicana y latinoamericana, pues el escritor introdujo elementos inéditos de manera magistral que impactaron el ámbito de la literatura escrita en español. De ahí la importancia y el reconocimiento que hasta el día de hoy posee su legado literario.

Aunque su obra no es tan extensa como hubiésemos querido, las temáticas que en ella se incluyen desbordan la condición de la existencia humana, pues Rulfo logró capturar las inquietudes más hondas que nos acechan. En este sentido, encontrar en su narrativa un elemento que denote cierta esperanza en medio de una situación rebasada por el caos y la pérdida de fe es realmente asombroso. Dicho elemento se trata del ladrido de los perros. Son varios los cuentos en los que el ladrar de los perros simboliza esperanza, vida, ilusión de poner punto final a las circunstancias agobiantes en las que los personajes se encuentran. A continuación, vamos a mencionar los cuentos de El llano en llamas en los que el ladrido de los perros aparece como un símbolo esperanzador.


“Nos han dado la tierra” 

En este cuento los ladridos de los perros son esperanzadores en la medida en que se tiene el anhelo de que la tierra que les han dado sirva para sembrar. Los cuatro hombres que protagonizan la historia van recorriendo el llano en las condiciones más desoladoras: cansados, hambrientos, bajo el inclemente rayo del sol y en medio de la soledad y sequedad de esa tierra; no obstante, escuchar el ladrido de los perros alimenta en ellos la esperanza de que haya gente, es decir, de que, a pesar de todo, posiblemente haya vida en medio de esa llanura desértica.


“La Cuesta de las Comadres”

El ladrido de los perros anuncia la llegada de los Torrico –personajes retratados como maleantes y abusadores– a La Cuesta y gracias a ello la gente se prevenía de ser robados, pues los ladridos les indicaban la distancia a la que se encontraban los Torrico y el tiempo que tardarían en llegar, lo que les permitía esconder sus pertenencias y evitar así ser despojados de ellas. Los ladridos de los perros simbolizan aquí salvación en el sentido de salvaguardar.


“Luvina”

En el cuento se describe al pueblo de San Juan Luvina como un purgatorio: cubierto de piedra gris, nada florece, y si lo hace, se marchita al instante, llueve poco o casi nada. De esta manera, “se han muerto hasta los perros y ya no hay ni quién le ladre al silencio”. Al no haber ya ni siquiera perros, no hay vida, no hay nada, lo que es susceptible de interpretarse como una pérdida total de la esperanza.


“No oyes ladrar los perros”

Este es el cuento en el que más claramente se evidencia el significado del ladrar de los perros. Para empezar, el título es una afirmación, ni siquiera es una pregunta que deje abierta la posibilidad de una mínima esperanza. La historia es sobre un padre que lleva a su hijo en la espalda, quien resultó herido debido a las prácticas a las que se dedica, robo y asesinato. Ambos se dirigen a Tonaya para que Ignacio, el hijo herido, sea atendido por un médico. El padre le pregunta constantemente a Ignacio si oye ladrar los perros, pues eso significaría que están cerca del pueblo, es decir, la esperanza del padre y la salvación de Ignacio, pero Ignacio siempre responde que no oye nada. Cuando finalmente Ignacio muere y su padre baja el cuerpo inerte, escucha que por todas partes ladran los perros. Las líneas finales son un knock out: “–¿Y tú no los oías, Ignacio? No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza”.

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